Verdaderas creyentes en Jesús

Nos gustaría pensar que eran verdaderas creyentes en Jesús, que lo aceptaron como Mesías y lloraban por él porque lo amaban como su Señor y Salvador.
Pero la evidencia indica que simplemente lloraban por el drama y la emoción del momento.
Es posible llorar hoy, si se presiona el botón indicado del sistema nervioso. Las lágrimas pueden fluir y luego dejar de hacerlo, y la persona permanece igual. Tal vez es por eso que Jesús les dijo:
“No lloren por mí, lloren por ustedes mismas y por sus hijos”.

El trata de ir más allá de la emoción del momento, hacia la verdadera necesidad de sus corazones.
De repente, tu ves al tercero de los discípulos que faltaban.
Es Juan el discípulo que siempre ha estado allí, al lado de Jesús. El no ha abandonado a Jesús en el tiempo de crisis.
Está apoyando a María, la mamá de Jesús, en el momento que más lo necesita. Es posible que Juan hubiera llevado la cruz de Jesús si no hubiera emprendido esta otra tarea.
Ahora camina con Maria mientras ella avanza lo más cerca que puede de su Hijo.
Tú observas a Maria unos momentos. Su rostro está cubierto de lágrimas. Se recarga sobre Juan, en busca de apoyo, pero sigue con determinación las pisadas de su Hijo amado.
Tal vez este recordando aquel día cuando se le apareció el ángel con el mensaje de que pronto le nacería un hijo.
Tal vez aflora a su mente cuando era un niño de ocho años, con un rollo de las Escrituras debajo del brazo, que se dirige hacia las colinas temprano por la mañana para pasar unos momentos de comunión continua con su Padre celestial.

Tal vez recuerda el día cuando él cierra la carpintería, se despide de ella con un beso, y sale en una extraña misión.
Quizá recuerde, con el corazón quebrantado, sus palabras que profetizaron este evento.
Tal vez recuerde las palabras de Simeón en el templo: “Este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha y una espada traspasará tu misma alma” (Lucas 2:34, 35).
En este instante, la espada penetra dolorosamente.
Pero por todo el camino, observas más a Aquel cuya cruz cargas sobre tus hombros.

Se te deshace el corazón al ver la intensa agonía que sufre.
Puedes ver su paso inseguro, su forma encorvada, sus gotas de sangre que fluyen sin cesar.
Puedes ver la mirada de paz y aceptación aun entre tanto dolor.
Puedes ver su disposición a recorrer el camino del Calvario.
Los ladrones luchan y tratan de escapar. Los soldados deben vigilarlos diligentemente y mantenerlos en línea.
Pero éste, cuya cruz tu llevas, es diferente. El camina por su propia voluntad, aun cuando sólo puede poner un pie frente al otro.
Tú no puedes menos que mirar y maravillarte hasta llegar al destino final.
Los soldados romanos tuvieron que dominar a los ladrones para colocarlos sobre su cruz. Pero Jesús humildemente se somete, se acuesta y estira los brazos sobre la cruz mientras los soldados van en busca del martillo y los clavos.

Una pausa en la historia

En este momento me gustaría hacer una pausa en la historia.
Me gustaría preguntarte si alguna vez te han obligado a llevar una cruz.
¿Eres un miembro de iglesia de segunda, tercera o cuarta generación, cuyos padres y abuelos te han obligado a llevar la cruz?
¿Eres un joven proveniente de un hogar cristiano a quien obligan a llevar la cruz?


¿Eres un obrero, ya sea maestro, ministro u otro profesional, que con el deseo de retener tu empleo, te sientes obligado a llevar la cruz?
Me gustaría recordarte que no todo es negativo.
Por favor, no pierdas de vista las bendiciones de Simón al continuar con la historia.
Tú sigues cargando la cruz hacia el Calvario, y comienzas a mirar a la gente de la multitud.
Los sacerdotes y dirigentes se han confabulado con lo más bajo de la sociedad, insultando y mofándose de Jesús en su misma cara.
Abuchean y gritan como el resto de la gentuza.
Los soldados con sus látigos y espadas siguen tratando de mantener a la procesión en marcha, aunque notas que frecuentemente uno de ellos se da vuelta para mirar a Jesús y no le quita la mirada de encima.
La turba está compuesta mayormente por ese tipo de personas que gustan de las emociones fuertes, sin importarles la fuente.
Son de los que pueden formar parte de la procesión triunfal un día, gritando “¡Hosanna al Rey!”, y luego unirse a otra gritando “¡Crucifíquenle!”, sólo porque es popular hacerlo.
Son los que siempre se identifican con las corrientes populares.
No piensan por ellos mismos, simplemente siguen voces, y se unen a ellas para gritar más fuerte en un momento dado.
Hay algunos que fueron sanados por Jesús, lo cual comprueba que se requiere más que un milagro para convertirse de corazón.
Algunos llevaron a sus seres amados a Jesús y recibieron la ayuda que él jamás rehusó darles.
Pero ahora, simplemente forman parte de la turba, se pierden en la muchedumbre.
La procesión se detiene.
Cerca de allí hay un grupo de mujeres, mujeres con una naturaleza sensible. Mujeres de cuyos ojos fluyen lágrimas espontáneamente cuando se enfrentan al dolor y la tristeza.
Pareciera que estas mujeres son las únicas en las cuales Jesús se fija.
Se detiene a conversar con ellas.

El camino de la Cruz

Imagínate que tú eres Simón.
Has recorrido un largo camino para llegar a Palestina.
Tu hogar está en el Norte de África; pero tu, tu esposa y tus dos hijos, Alejandro y Rufas, viven ahora cerca de Jerusalén. En este día específico, te diriges hacia la ciudad temprano por la mañana. Esto es poco común.
Como ya saben, las personas en esta parte del país trabajan fuera de los muros de la ciudad saliendo durante el día, labrando la tierra, y regresando por la noche a la seguridad de los muros de la ciudad. Pero tal vez en esta ocasión se te olvidó el azadón u otra herramienta que necesitabas para tu trabajo en el campo. Y entras a la ciudad apenas a tiempo para encontrarte con una extraña procesión.
Puedes ver soldados que tratan de controlar a la turba, sacerdotes y dirigentes con sus largas túnicas, y personas de todas las posiciones sociales. Todos siguen a tres hombres que cargan sus cruces.
Observas a nueve hombres que siguen a la multitud a corta distancia; la tristeza y la vergüenza se dibujan en sus rostros.
Examinas detenidamente a los tres hombres que obviamente son los condenados. Dos son ladrones: hombres rudos, con musculatura bien desarrollada y rostros ásperos; luchan continuamente con los soldados que los obligan a avanzar.

Están bien capacitados para soportar la carga que les han puesto sobre los hombros.
El tercero también es fuerte, bien dotado y musculoso. Ha trabajado la mayor parte de su vida en el taller de carpintería, sin la ayuda de herramientas de alto poder.
Pero se percibe algo diferente en él. Tiene una expresión en el rostro que llama la atención.
Lo han golpeado duramente y se ve abatido. Su rostro evidencia que ha pasado por una experiencia que los otros dos obviamente no han soportado. No le han dado alimentos ni agua desde el día anterior.
Ha luchado solo con los poderes de las tinieblas en el jardín de Getsemaní. Lo han juzgado no menos de siete veces. La turba atrevida lo ha golpeado abusivamente. Dos veces lo han azotado. Y ahora, su naturaleza humana no puede más. Frente a tus propios ojos, cae desfallecido bajo el peso de la cruz.
De los nueve hombres que son sus seguidores, seguramente uno de ellos se adelantará para ayudarlo en este momento que es el más crítico para él.
Tres de los doce que conformaban su grupo no están allí.
Uno yace muerto y quebrantado al pie de un árbol a corta distancia.
Otro, todavía está tendido en el jardín llamado Getsemaní con el corazón quebrantado por haberlo negado como su mejor Amigo.
El tercero llegará un poco después, para nuestra sorpresa y gozo.
Pero estos nueve hombres permanecen detrás de la multitud.
Están llenos de tristeza y agobiados por la desilusión. Se mantienen a la distancia. Están llenos de tristeza por el dolor de su Maestro, pero aun así mantienen su distancia.
El miedo y la vergüenza los dominan. Ninguno de ellos está dispuesto a ofrecerle su apoyo.
Y tu, Simón, te quedas sorprendido y consternado. Tú no eres de los que se intimidan. No te quedas callado. Así que exclamas:
“¡Esto es increíble! ¿Por qué no hay nadie que ayude a ese hombre?”
Los soldados escuchan tu comentario. Realmente no sabían qué hacer.
Es obvio para todos los observadores que Jesús ya no puede seguir llevando su cruz. A duras penas podría sostenerse de pie aun sin el peso adicional del madero.
Así que los soldados gustosamente te toman por la fuerza y colocan la cruz de este Hombre sobre tus hombros.
Tal vez tu primera impresión es pensar, “Pues, me lo merecía por haber abierto la boca”. Pero al tomar la cruz y unirte a la procesión, escuchas el nombre de Este, que despierta tu simpatía. Es Jesús.
¡Jesús! Recuerdas que tus dos hijos, Alejandro y Rufas, te han contado mucho acerca de este Hombre. Ellos ya lo habían visto.
Escucharon sus enseñanzas. Llegaron a casa con los rostros emocionados, diciendo que ellos creían que él era el Mesías.
Tú decidiste investigar este asunto algún día, pero ese día nunca llegó.
Ahora te obligan a llevar su cruz.

El poder de la Palabra de Dios

Podemos escoger dos caminos, uno es el estar con Dios y el otro es no estar con Dios. Sólo hay dos caminos, no hay intermedios. No puedes decidir estar en medio, tú decides si sí o no.
Mateo 4:1-11 “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a Él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.”
Vemos algo precioso y es que Jesucristo es Hijo de Dios y como tal, en su humanidad tuvo que obedecer a lo que Dios le mandó.
Los versículos anteriores lo glorioso que es la Trinidad, en la cual nosotros creemos y que es nuestro Dios. Nosotros creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Antes vemos cómo Jesucristo se presenta delante de Juan el Bautista y le dice que por favor lo bautice en agua. Allí Dios le habla, Él oye la voz de su Padre y el Espíritu Santo baja como paloma. Recuerden que no es que el Espíritu Santo sea una paloma sino que se manifestó de esa forma. Jesús en su humanidad se bautizó, nosotros también debemos hacerlo y creerlo.
Hasta aquí que todo iba bien, Jesús iba obedeciendo y haciendo todo al pie de la letra, como nosotros tratamos de hacerlo también. Aquí vemos que Jesucristo toma el tiempo y dispone en su corazón hacer un ayuno de 40 días. Posiblemente, tú has estado en las mismas circunstancias, decides apartar un tiempo para estar a solas con el Padre. La Palabra dice que Jesucristo fue guiado por el Espíritu Santo. Nosotros hemos aprendido también que podemos ser guiados por el Espíritu Santo. Él puede estar en nosotros, con nosotros y sobre nosotros. Hasta aquí vamos igual que Jesucristo. Lo tremendo que vemos en esta porción es que sucede algo no muy agradable. El Espíritu Santo guió a Jesús para que fuera tentado por el diablo.
El Espíritu Santo nos guía en todo momento, pero a veces lo va hacer para pulirnos un poquito y para sacarnos brillo. No va a ser solamente para darse a conocer una manifestación de gozo o consuelo, esperanza o cariño. El Espíritu Santo nos puede guiar a algo que nos va llevar a un cambio en nuestra vida; a algo para nuestro beneficio. La Biblia dice que cuando Jesús estaba en su debilidad, tuvo hambre. Aquí vemos que Jesús fue humano a pesar de ser el Hijo de Dios, le dio hambre. Allí en su debilidad, el diablo lo tentó. Esto quiere decir que nosotros como hijos de Dios, guiados por el Espíritu Santo, estando deseosos de estar a solas con el Señor y dispuestos a recibir más de Él, podemos ser tocados por el enemigo en nuestra debilidad.
En este caso, el diablo tentó a Jesús en el hambre porque Él había decidido ayuna. A nosotros podría ser en otra área. Muchas de las cosas que vamos a vivir si le hemos dicho que sí al Señor es que vamos a ser expuestos de la misma forma que Jesús fue expuesto. Nosotros conocemos la Palabra de Dios que dice que somos hijos de Dios, coherederos con Cristo Jesús y tenemos el gran privilegio de conocer al Espíritu Santo, nosotros también vamos a estar expuestos a los problemas. Que decidamos aceptar al Señor, venir a la iglesia y estudiar la Palabra, no quiere decir que no vayamos a tener problemas.
En este pasaje podemos ver varias cosas:
1) Al diablo no le importó desafiar al Hijo de Dios, tampoco le va importar desafiarnos.
El diablo quiso desafiar al Hijo de Dios. No tuvo vergüenza. Si él se dispuso desafiar a Jesucristo, ¿cómo no lo va a hacer con nosotros? Nosotros no estamos apartados en una cúpula de protección; estamos expuestos a lo mismo.
Podemos escoger dos caminos, uno es el estar con Dios y el otro es no estar con Dios. Sólo hay dos caminos, no hay intermedios. No puedes decidir estar en medio, tú decides si sí o no. A veces no tomamos tiempo para ver eso, pero gracias a Dios, nuestro pastor nos ha enseñado a ser personas con fe, que siempre ven lo positivo, personas que siempre hablan cosas buenas. El Señor no nos enseña a ver las cosas negativas, pero hay una realidad y es que tenemos un enemigo. Éste es un enemigo desafiante y terco, también es constante.
El diablo tentó por primera vez a Jesús en el verso tres. Jesús le respondió con la Palabra. El enemigo trató de usar la Palabra para desafiar a Jesús. A mí me entró la curiosidad de ver en dónde estaba esa Escritura y la encontré en:
Deuteronomio 8:3 “Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”
El diablo trató de ser astuto y usar la Escritura en un contexto diferente. En este momento, el pueblo de Israel no tenía qué comer y Dios le proveyó el maná. Acá vemos cómo el diablo sutilmente usó la misma Escritura y Jesús dio cuenta que el diablo lo quería engañar y lo puso en su lugar.
Luego leemos en la Escritura que el diablo no se conformó en tentarlo con la Escritura, sino que lo llevó al pináculo del templo y le volvió a desafiar con la Escritura. Esto lo pueden encontrar en el Salmo 91:11. Jesús le contestó con la Escritura. Al principio, quizá Jesús no le contestó tan fuerte, pero la segunda vez le habló más fuerte. A veces, nosotros necesitamos hacerlo de la misma forma.
En el verso 8, el diablo lo intenta de nuevo. El diablo no sólo quería que Jesús rompiera el ayuno, sino que trató de engañarlo y de que Jesús se postrara ante él. Jesús entonces lo echó fuera y luego le recordó las Escrituras. Yo creo que si el Hijo de Dios que hasta el día de hoy nos ha traído palabra de esperanza, nos ha dado salvación y victoria, y que nos pone las respuestas en bandeja de oro, fue expuesto a estas tentaciones departe del enemigo, también nosotros lo estamos. No es suficiente que lo sepamos, sino que actuemos de la misma manera que Jesús.
Yo no sé cuánta Palabra te ha dado Dios o qué ministerio te ha prometido, pero estoy segura de que si el Espíritu Santo comenzó la obra en tu vida, Él la va a terminar y perfeccionar. Él te va a ayudar a que actúes como Jesús. Te tienes que dar cuenta rápido si viene de Dios o no. A veces hay tanta hambre y deseos de recibir del Señor, que no necesariamente estamos recibiendo lo que es para nosotros.
2) Tenemos que agarrar más coraje, más fuerza.
3) Debemos de aprender a reprender al enemigo.
No sé quiénes de ustedes tuvieron la oportunidad de ver una película que salió hace poco y se llama Lutero. Es una producción de TV muy buena. A mí lo que me impactó como Lutero a solas tenía batallas contra el diablo. Estoy segura que todos hemos pasado por eso. Mi anhelo no es que conozcas y que tengas una identificación del enemigo, pero debido a que he estado metida más en intercesión y oración, eso se agudiza. El Espíritu se hace más sensible a eso. Si quieres ayudar al prójimo tienes que tener esa sensibilidad. Por eso es que la Biblia nos enseña que veamos con ojos espirituales más allá de lo natural.
No es que nosotros queramos invertir tiempo en esto, sino que tenemos que estar alerta. Debemos de aprender a reprenderlo. La Palabra nos sirve para instruirnos, corregirnos y exhortarnos.


Gracias a Dios, tenemos un lindo pastor que trabaja mucho, que se prepara, y que pasa mucho tiempo en la presencia del Señor, pero no sólo es el tiempo de un pasto, sino que también se necesita el tiempo de un montón de líderes espirituales. Es tu tiempo también para que tengas la victoria.
Yo estaba leyendo estas escrituras y el Señor me quebrantó muchísimo porque me pude desahogar con Él y sacar algo que tenía muy dentro. Me puse a analizar que siempre que leo las Escrituras, las quiero aplicar a mi vida antes de dárselas a alguien más. Cuando leía estas escrituras, me di cuenta que fui presa del engaño del enemigo acerca de unos versículos.
Mateo 6:5-7 “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.”
Yo les estoy abriendo mi corazón para que ustedes se den cuenta que nosotros como pastores y el equipo pastoral también pasamos por las mismas cosas que ustedes. No tenemos ningún privilegio que nos libre de eso, pero el Señor nos ha enseñado a superarlo.
Soy una persona que observa mucho, siempre estoy aquí apoyando a los pastores, me he dado cuenta de sus necesidades y de sus aflicciones y también cómo la superan. Entonces comenzó una inquietud en mi corazón, y posiblemente ha comenzado en tu corazón desde hace mucho tiempo. Yo quería comenzar un grupo de oración e intercesión. Estaba en mi corazón y sólo Dios lo sabía. Yo le pedía al Señor que me diera sabiduría de cuándo empezar. Entonces es cuando aparecían estos versículos usados a mal. Entonces decidía no hacer el grupo de oración. Yo me creí la mentira del diablo y decidí no hacerlo.
El diablo usó los versículos que me engañaron de tal forma que retrasó la apertura del grupo. Hasta que un día me agarró tal desesperación por hacerlo, que abrí el grupo por fe. Cuando lo hice, comencé a ver milagros, cómo barreras caían en la vida de personas. Yo estaba tan triste y dolida en mi corazón y le pedía perdón al Señor, perdón por haberme tardado tanto. Tal vez me miran muy callada, pero soy muy exigente conmigo misma. Cuando yo miro una necesidad, quiero ayudar. Comencé a ver la victoria de la gente y le pregunté al Señor cómo era posible que me hubiera tardado tanto. Le prometí que desde ese día en adelante iba a seguir, que no iba a creer nada tan fácilmente y que iba a obedecerle en lo que me estaba llamando.
El capitulo 6 de Mateo nos da instrucciones acerca de muchas cosas, pero nunca nos dice que no las hagamos. Él enseña que hay que hacerlas con humildad, con un buen motivo, porque hay un propósito. Allí dice que analicemos nuestro corazón a la hora de hacerlas.
¿Te das cuenta cómo puede ser uno engañado con la misma Palabra? El diablo puede tergiversar la Palabra, pero nunca la puede invalidar. Lo que dice allí, así será. Lo que dice la Palabra tiene poder. Cuando la Palabra dice que eres una nueva persona en Jesús es porque así es. Todas las promesas que están en la Biblia son lo que dicen y no se olvidarán. Ahora no quiero que me quiten lo que es mío.
Estaba tan quebrantada por no haber estado alerta, que se lo conté a mi esposo. Él me dijo que lo que él veía era que también el diablo quería atacar la identidad de las personas. Si tú tienes una identidad muy alta o muy baja, el diablo puede usar la Palabra para hacerte daño. Estoy hablando acerca de tu identidad como creyente, no como persona o tu personalidad. Tu identidad como hijo de Dios; ésta es una identidad en la que debes de estar más fuerte que nunca y debes de cuidarla.
Mateo 4:11 “El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” Mateo 4:17 “Desde entonces, comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Después de que el diablo lo tentó, el Señor hizo su obra más gloriosa que nunca. ¿Quieres ser una persona productiva y que Dios te use en todo momento? Jesucristo tuvo que pasar la prueba de ser obediente, seguir las instrucciones de bautizarse por alguien más, tuvo que tener dominio propio y negarse a Él mismo para ayunar y abstenerse de muchas cosas. Él mismo en su debilidad tuvo que pasar la prueba. Él mismo como Hijo de Dios tuvo que reprender a Satanás. Esas son las armas que Dios nos da, de esto estás armado tú. Ese mismo paquete o bendición está sobre ti. Puedes salir adelante en las pruebas.
El arma que ha sido sumamente poderosa es el arma de la oración y de la intercesión. Tienes que orar más y tienes que estar a solas con el Señor. Tengo casi 22 años de estar oyendo predicar al pastor Cash, quizá 3, 5 ó 7 veces a la semana, ¿por qué yo no lo podía hacer? Porque hay barreras, hay una identidad que hay que trabajar y botar esas barreras. No creo que oyendo a un hombre tan usado por el Señor, yo no pueda hacerlo. Yo me pongo de ejemplo porque quizá tú también tienes muchos años de ir a la iglesia. Tu mente ha sido llena de Palabra, tú eres una persona escogida y privilegiada por Dios. La misericordia y la salvación han llegado a tu casa. ¡Ya no sigas igual! Dios va a seguir siendo misericordioso, y nos va a seguir amando, pero queremos ver más milagros. Dios nos da la oportunidad de glorificar más su Nombre. No se trata de sólo venir a la iglesia, Dios te ha levantado como líder en tu grupo, o tal vez como el primer creyente en la familia. Dios te va a seguir usando, te va a revelar cosas sobrenaturales. La necesidad del que está a la par tuya es muy grande. No dejes que el enemigo te robe el llamado que Dios te ha dado.

Todo lo puedo en Cristo

Muchos saben que la mujer es un vaso más frágil, pero pocos reconocen que el hombre también lo es. Todos somos débiles y esto se manifiesta, para unos en la abundancia y para otros en la escasez. Hemos tenido situaciones en las que nos hemos sentido débiles y que no podemos más. Pero es en esas situaciones en las que la Biblia nos enseña “diga el débil, fuerte soy”.
Todos somos frágiles
El Salmo 39.4 dice: “Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy”.
No sé si tú te has dado cuenta qué situaciones te quiebran, esas en las cuales hemos expresado debilidad y sentimos que no podemos más. Unos son más frágiles que otros, pero todos somos frágiles en alguna medida. El salmista decía: “Señor, enséñame cuán frágil soy”. Tú sabes cuán frágil o que tan fuerte has sido en las situaciones en la vida por las que has pasado.
No siempre que lloramos es porque estamos quebrantados por Dios. Algunas veces lo hacemos de agradecimiento y otras de amor. Pero tu mismo sabes cuando estás pasando por una situación difícil y lloras de aflicción. Esas son las veces que has dicho: “ya no aguanto, ya no soporto más”. Esos son los momentos en que nuestra debilidad ante una situación se manifiesta.
Yo me recuerdo una vez años atrás que mi hijo mayor, siendo aún muy pequeño, se enfermó gravemente. Fuimos al doctor y él me dijo: “este cuadro está muy duro, tiene una infección, se está deshidratando, y si sigue mal, mañana lo internamos en el hospital”. El doctor me instruyó a darle en casa suero por la boca con una jeringa para hidratarlo. En un momento durante la noche nos quedamos dormidos con mi esposa junto a su cama, y al despertar, nos dimos cuenta que mi hijo se estaba muriendo. Estaba seco y deshidratado. Comencé a angustiarme, caminando inquieto por toda la habitación, clamando a Dios. Esos son los momentos en que nos damos cuenta cuán frágiles somos.
Pero El me dijo: “tú me has pedido que haga milagros, ¿cómo quieres que los haga si no hay problemas?” Y cuando me dijo eso, yo me paré y dije “Señor, yo podré estar afligido pero tu no has salido corriendo de esta habitación. No importa cómo me sienta, sé que tú me vas ayudar y me vas a dar la fortaleza”. Me hijo fue sano esa misma noche, y yo entendí que los problemas son la oportunidad para ver a Dios hacer milagros.
Te aseguro que no importa qué tan fuerte sea la situación, Dios está en tu casa o en tu oficina sereno, templado, ejerciendo dominio sobre las cosas. Tú tienes ganas de salir corriendo, pero si Dios te abriera los ojos, entonces lo verías sobrio, con una mirada serena diciéndote: “¿Qué te pasa?, ¿acaso no estoy contigo?, ¿no te prometí que yo estaría todos los días a tu lado? Yo te fortaleceré.” El Salmo 39:7 dice: “Y ahora, Señor, ¿Qué esperaré? Mi esperanza está en ti”.
Somos débiles, pero podemos declarar que somos fuertes en El. Las fuerzas empiezan a venir por medio de la confesión de tu boca. Dios no te dice que no seas débil, dice que confieses que eres fuerte en El. Pero no saldrás de tu aflicción si sigues diciendo con tu propia boca “estoy mal, me muero”.
Una oración con un mal motivo
Proverbios 30.7-8 dice: “Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera: vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario”.
Cuando uno lee esto, puede concluir que es una buena oración. Parece bonita y humilde, pero cuando continúa leyendo el siguiente verso se da cuenta de los motivos del corazón que llevó a este hombre a orar así, y no revelan algo tan bueno. Dice el verso 9 de ese capítulo: “No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios”.


¿Por qué hacía esta oración? Porque él era frágil ante las dos circunstancias de la vida, la abundancia y la escasez. El se conocía y temía tener riquezas, ya que su corazón no soportaría la abundancia sino que se llenaría de orgullo y altivez. También temía que la pobreza lo empujara a robar, pecando. Por lo tanto este hombre está revelando que no tenía ni humildad ni honestidad en su corazón, sino que tenía falta de carácter para sobrellevar esas dos circunstancias de la vida. El está diciendo: “no me des riqueza ni tampoco me des pobreza. Mantenme del pan diario, no sea que si prospero me olvide de ti y si soy pobre, vaya a blasfemar tu nombre”.
En otras palabras, el va a estar bien con Dios solamente si tiene el sustento del día. No está diciendo “Señor, yo no voy a blasfemar sin importar si soy pobre o rico”, como todos deberíamos confesar. El dice “Solo dame lo necesario del día, no sea que blasfeme”. La verdadera y genuina oración sería: “Señor, no importa si tengo o no riquezas, yo igual te amo en todo tiempo, en escasez o en abundancia”.
Hay personas en la escasez los aparta de Dios. Si tú eres de las personas que en tiempo de pobreza va a robar, entonces ora como ese hombre de Proverbios. Pero si tú decides mantener su integridad aún en tiempos de necesidad, no necesitas orar así. Tu puedes decir: “Señor, aunque me falte el pan para comer, seguiré amándote y obedeciendo tus mandamientos”.
Por el contrario hay otros que en cuanto salen de una prueba económica y prosperan, se alejan del Señor. Vienen quebrados al Señor y le creen, pero cuando el los levanta y los bendice económicamente, se alejan de Dios. Ahora ya tienen dinero para pecar, viajan y se alejan de la iglesia, beben porque ya tienen con qué hacerlo.
Mira de nuevo la oración de este hombre que dice “no me des”. Por lo general uno siempre pide bendición, pero él no, porque el sabía en su corazón que era frágil, débil. La grandeza del hombre no está en lo que tiene, sino en qué soporta tener.
Lo mismo podrían decir otros acerca de la unción: “no me des unción, no sea que me crea un Superman”
Yo les voy a contar un caso que Dios trató conmigo. Cuando yo recibí a Jesús, tenía seis meses, y me fui a vivir a una ciudad del interior llamada Coatepeque. Empecé a compartir de Jesús a toda la gente, y al término de cinco días, ya había veinticinco personas que habían recibido a Jesús en su corazón. Pero tenía altivez en mi corazón y Dios trató conmigo. Me recuerdo que fui a una reunión en la que habían otros cristianos. Uno de ellos me dijo: “Vos Cash, ¿vos sos cristiano?”. “Sí”, les contesté. “Pues fíjate que no pareces uno”, me dijo. “porque si fueras cristiano, no anduvieras con el pelo tan largo”. Yo me puse como chicha bautizada en tabaco, sentí fuego en la sangre, y le contesté con toda la jactancia: “por lo menos yo si predico y en una semana ya se convirtieron veinticinco personas; en cambio vos, ¿qué has hecho?” Y me salí de allí. A la semana yo ya había pecado, y me pasé humillado y quebrantado por Dios en mi habitación pidiendo perdón. El quebranto hace que uno se vuelva más fuerte para Dios. Aprendí una gran lección para mi vida, porque después de la altivez, viene la caída.
En las buenas y en las malas, en la abundancia y en la escasez…
Lee ahora Filipenses 4.10-13: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
El Apóstol Pablo hace aquí una confesión muy distinta. El dice: “No importa si estoy en pobreza o en riqueza, en abundancia o en necesidad. No voy a robar ni me voy a enorgullecer, porque Cristo me da la fuerza para soportar ambos extremos. No importa que tenga, siempre seré obediente a Dios y le serviré”. Esto refleja carácter.
Tú puedes ver la pobreza que tienes en algún momento o puedes ver la riqueza que tendrás después. O puedes ver el carácter que fue formado en esos momentos. Esa fortaleza que te da Cristo, es el carácter que El quiere formarte.
¡Cómo cambia la conducta de muchos cristianos por lo que posee! No busques las dádivas, busca al que te las da, y te las va a dar cuando El crea que es el momento adecuado. ¿Qué tipo de carácter es el que tienes? En esa medida debes pedirle a Dios. A vivir se aprende metiendo la Palabra de Dios en tu corazón. Cuando te falta o te sobra, lo que importa no es lo que tienes, sino el carácter que tienes para soportar lo que tienes. ¿De qué está hablando el apóstol Pablo? De que todo lo podamos, sea una situación u otra.
Quien de ustedes crea su posición económica le afecta su relación con Dios, sea de pobre o rico, haga la oración que hizo el hombre de Proverbios. Pero si eres como Pablo, que no importa cuál es la situación, tú siempre vas a estar parado confiando en el Señor, creyendo y sirviendo, te lo dé o no te lo dé. Tu puedes, entonces, decir como el, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
Pablo también dijo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Romanos 8.35), y añadió que no ni la vida o la muerte, que no habría ángel o demonio, y que no habría circunstancia alguna que lo separaría del amor de Dios en Cristo Jesús. Fortaleza es lo que necesitamos de Dios para permanecer junto a El en cualquier circunstancia, y el te las quiere dar.
¿Cómo está tu relación con Dios? ¿Acaso está de acuerdo a tu economía? ¿O tienes una buena relación con Dios sin importar lo que tienes? Debes ser sincero para que puedas formar carácter.
¿Cómo ha variado tu matrimonio según lo que posees? Porque para los que se aman, no importa si duermen en catre o en cama; si alquilas o tienes casa propia; o si andas en bus o en automóvil.
En cualquier circunstancia el amor debe permanecer fuerte.
¿Cómo estas en tu salud? Tú deberías confesar que sano o con enfermedades, seguirás amando y sirviendo a tu Señor. ¿Cómo estás en tu vida sentimental? Soltero o en noviazgo debes permanecer firme. Tú fuerza y tu fortaleza siempre tiene que ser el Señor.
Yo no sé cuál es tu situación, no sé por qué estás pasando, si por riqueza o pobreza, pero mi deseo es que Cristo sea tu fortaleza. No te pierdas si tienes o no. Dios te quiere prosperar, pero sobretodo quiere que aprendas a formar carácter y fortaleza en tu ser interior.
Di: “Señor, aunque pase por valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, aunque soy débil en etapas de mi vida, hoy digo ‘soy fuerte y todo lo puedo y lo podré’. Hoy dejo mis temores de tener y no tener, porque todo lo puedo en Cristo Jesús que me fortalece”.

Aprecia las Promesas

El Señor nos ha dado promesas para que le creamos y lo confesemos. La Palabra dice que todo lo que sembramos, cosecharemos. Dios nos da la semilla para hacerlo, sólo debemos decidir creer y esperar cosechar todas las bendiciones que El tiene para nosotros.
El carácter más que la riqueza

La semana anterior enseñé el tema “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, el cual trató sobre la oración hecha por un hombre en Proverbios 30:8-9. “Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riqueza; mantenme del pan necesario; No me sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.”

Esta oración suena bien, pero no necesariamente lo es. Si lees detenidamente, te darás cuenta que en el verso 9, él mismo revela su corazón al hacer la oración; es decir, manifiesta las intenciones o motivos que lo llevaron a realizarla. Tan débil estaba su relación con Dios, que dependía de su economía. El se mantendría fiel al Señor mientras no tuviera ni abundancia ni escasez. Esto, por lo tanto, es una oración que revela una mala actitud de corazón. El reveló su falta de carácter.

El apóstol Pablo, por el contrario, declaró que él había aprendido a tener abundancia o escasez, pues todo lo podía soportar en Cristo que lo fortalecía (Filipenses 4:10-11). Pablo dio a conocer lo que había en su corazón con su declaración, diciendo que lo más importante no era la riqueza o la pobreza, sino el carácter fortalecido por Jesús.

¿Qué clase de relación tienes tú con tu Señor? Está basada en tu economía, o tu economía se basa en la relación con el Señor?

Quiero que vayas conmigo a ver cómo era este hombre que hizo esta oración. El mismo habla de sí en Proverbios 30:2-3. “Ciertamente, más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre. Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco al Santo”. Hasta que lees detenidamente el contexto y comprendes la conducta necia e ignorante de este hombre, no conoces bien a la persona que está orando que no le den ni riqueza ni pobreza.

Si vas a orar, hazlo conforme a la Palabra de Dios, no conforme a tus circunstancias. Pero si ni lees la Biblia, ¿cómo sabrás de qué forma orar? Debes estudiar y creer la Palabra para que al momento de orar, sepas hacerlo apropiadamente. Di conmigo: “Si yo oro conforme a la Palabra de Dios, tendré los resultados de las promesas de la Palabra de Dios”. “Yo seré de aquellos que todo lo pueden en Cristo que da las fuerzas”.

Ensancha mi territorio

En 1ra. Crónicas 4.:9-10 encontramos otro tipo de oración: “Y Jabes fue más ilustre de sus hermanos, al cual su madre llamó así diciendo: por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras del mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que le pidió.”

Siempre habrá alguien más ilustre que otros. Ora para ser tú esa persona. Su nombre quería decir dolor, pero aún así no se quedó en eso, sino que confió en que sería bendecido por Dios. Jabes fue el más ilustre porque oró adecuadamente. Hay que saber cómo orar. El dijo: “Señor, ensánchame, bendíceme, acompáñame”. Si me pones a escoger entre la oración del hombre de Proverbios 30 o la de Jabes, escojo esta última. Jabes pidió que le ensancharan su territorio. Pero, ¿cómo podía ser ensanchado su territorio en una tierra que había sido toda repartida al pueblo de Israel? Si recuerdas bien, cuando el pueblo de Israel entró en la tierra prometida, Josué les repartió toda la tierra. La única manera de ensanchar su territorio era si alguien más no quería su propia tierra. Así que mientras Jabes oraba “ensancha mi territorio”, al mismo tiempo, otro oraba “no me des más para que no me olvide de ti” (como lo hizo el hombre de Proverbios 30). Cuando el Señor escucha ambas oraciones en el cielo, le da a uno lo que el otro no quiere. Así que tú prosperas por las oraciones de fe que haces y por las malas oraciones que otro hizo. Mientras uno pide “dame más”, otro dice “no me des”.

Cuando Dios escucha ambas peticiones, a ambos se las otorga. Al que quiere le da lo que el otro no quiere. Así que tú recibes conforme lo que crees. Si crees que Dios es bueno y te desea bendecir, así orarás y recibirás. Pero si crees que al prosperar tu corazón se apartará de Dios, entonces dejas de recibir lo que Dios te hubiera querido dar, entregándoselo El a alguien más.
Semilla al que siembra y pan al que come

Cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto, era pobre, ya que eran esclavos. Vivían de lo que los egipcios les dieran. Cuando Dios milagrosamente los sacó de allí, ellos se llevaron el oro que los egipcios les entregaron, pero al poco tiempo, lo perdieron al hacer el becerro de oro en el desierto. Por lo tanto, Dios los tuvo que sustentar con maná, pan del cielo. Al mismo tiempo, hizo que de la roca saliera agua para que bebiesen. Así que el Señor sostuvo a su pueblo con pan y agua mientras se encaminaban a la tierra prometida, en donde fluye leche y miel.

Como recordarás, el pueblo de Israel no creyó en Dios y, por lo tanto, dio vueltas 40 años en el desierto. Esta no era la voluntad de Dios, pero aún así los sostuvo con pan y agua. Cuando la nueva generación creyó en Dios con Josué al frente, ellos entraron en la tierra de la promesa. A partir de ese día, el pueblo tuvo una tierra en la cual poder sembrar y cosechar. Aquel que trabajara sembrando, cosecharía abundantemente, pues esa era su promesa. Desde entonces, el maná cesó de caer cada mañana, desde que el Señor les dio la tierra prometida.De igual manera, tú puedes escoger permanecer en el desierto en donde el Señor te sostiene con pan y agua, o puedes creer en sus promesas y entrar en la tierra en la que cada semilla que siembres producirá una abundante cosecha. Tú escoges, si pan o tierra prometida. Tú decides si vives sólo para tus necesidades o para sus promesas. Pero si decides la tierra de bendición, El ya no pondrá más el maná para tu sustento, sino te dará la semilla para que siembres en tu tierra. Esto producirá fruto abundante, de donde tendrás el sustento diario y mucho más.

Di conmigo a Dios: “No sólo me quieres dar el pan diario, sino también la semilla; yo no sólo como, también siembro”.

No seas de los que menosprecian sus promesas como los israelitas lo hicieron con su tierra. Mira a Josué, quien se levantó con una nueva generación dispuesto a conquistar lo que era de ellos. Abraza sus promesas. Pide que te ensanche, y recibirás su bendición y multiplicación.

El desierto no es la tierra prometida ni el pan es el sustento que Dios quiere darte. El quiere llevarte a una tierra de multiplicación en la que experimentes la bendicion de sembrar y cosechar.

¿Cómo la gente sabrá que somos cristianos?

Cuando se manifieste el amor de Dios en nosotros, no te está diciendo cuando se manifiesten las lenguas, no está diciendo cuando se manifieste una profecía, no está diciendo cuando tu predicas bueno, la Biblia dice, cuando ellos vean que nos amamos los unos a los otros, ahí es cuando van a decir “son cristianos”, “son discípulos del Señor Jesucristo”, “son personas ungidas por Dios”, es ahí donde el mundo y la otra persona dirá “!esta gente tiene algo especial de Dios!”

La Biblia dice: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).Lo que está necesitando este mundo es ver el amor de Dios en acción. Hay mucha gente que se ha enfriado por causa de la violencia, de la maldad, de la traición, de los engaños, de las mentiras. Alguien jugó con tu corazón, a alguien le entregaste tu vida y la destruyó.

La gente está necesitando ver el amor de Dios, que sea reflejado el amor de Dios en ti. Por esa razón tu eres especial, porque Dios te ha dado de su amor, practica ese amor, ejercítate en el amor, eso te va a ayudar mucho en la vida, te va a ayudar como cristiano y como persona si te ejercitas en el amor de Dios, le darás testimonio a la gente de que eres de Dios, de que eres cristiano.

El amor natural del ser humano puede cambiar de la noche a la mañana, pero el amor de Dios nunca falla:Recuerda que estamos hablando del amor de Dios, no estamos hablando del amor filial que es el amor que puedes tener en tu familia y amigos, tampoco estamos hablando del amor eros que es el amor entre los esposos. Estamos hablando del amor ágape, el amor de Dios, el amor que nunca falla.

1 Corintios 13:4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.

Veamos esto en detalle:

El amor es sufrido: Cuando una persona tiene el amor de Dios sufre por otro, soporta y resiste cosas porque el amor de Dios te ayuda a soportar y a resistir cosas, porque tienes el amor de Dios dentro de ti.

El amor es benigno: O sea, no es malo, es bueno, todo lo que va a producir es algo bueno en tu vida.

El amor no tiene envidia: Si una persona tiene el amor de Dios no está envidiando al otro. La Biblia dice: “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán”. Pero el camino tuyo es de vida y de triunfo, entonces por qué estás envidiando al que tiene, por qué estás envidiando al otro, a aquel y aquella.

El amor de Dios no tiene envidia, dice la Biblia que el que no tiene el amor de Dios no ha conocido a Dios (vea 1 Juan 4:8).

Entonces si el amor de Dios no tiene envidia y tú tienes envidia, no has sido ejercitada en el amor. Dile al Señor: “Quita la envidia y pon de tu amor hasta que yo me ejercite en el”.

El amor no es jactancioso, no se envanece: O sea, no humilla al otro ni se hace grande asimismo para hacer sentir al otro mal, ni humilla, ni maltrata.

No hace nada indebido, no busca lo suyo: Cuando tu no buscas lo tuyo y buscas el agradar, el bendecir, el ayudar a los demás, eso será devuelto a tu vida, porque dice la Biblia que” el que saciare será saciado” (Prov. 11:25), el que refrescare será refrescado, el que bendice será bendecido, por eso la Biblia dice también que mas bienaventurado es dar que recibir (Hechos 20:35) ¿Por que? Por que si tú recibes, recibiste, pero si tú das, hay una garantía de que vas a estar recibiendo siempre.

Imagínese una pareja, que la mujer este pensando en si misma nada más, que sea egoísta y que solamente piense en lo suyo, que tenga al esposo descuidado, ¿A dónde usted piensa que va a llegar ese matrimonio?

Imagine usted un hombre que en vez de bendecir a su esposa, cuidarla, cubrirla, amarla, está buscando lo suyo propio, hay hombres que solamente halan para su lado, ni se sabe cuanto ganan, y todo se lo echan arriba y la esposa dudando y preguntándose donde este hombre está gastando el dinero, a los hijos tampoco le da nada, es primero él y luego él, y no debe de ser así, pues aun el mismo Señor Jesucristo nos enseño que él vino a servir no a ser servido (vea Marcos 10:45), y el discípulo no es mayor que su maestro, y si por cuanto él sirvió alcanzó un montón de hijos para su Gloria.

El Padre dio al rey de reyes y ha cosechado hijos para su gloria, los reyes para su gloria, él dio el Sumo Sacerdote y cosechó sacerdotes para Su gloria, el dio y entrego por amor al Hijo unigénito y tiene un montón de hijos para Su gloria, porque hay fruto y hay resultado cuando usted aplica el amor de Dios y usted da.

Cuando tu das y no buscas lo tuyo propio, vas a ser muy bendecido, vas a recibir mucho, el mundo te dice, no des, guarda, acumula, ten cuidado, que no te quiten lo tuyo para que tengas mas, pero Dios te dice en su palabra, da y vas a recibir, si tu das vas a cosechar, si tu das vas a tener.

El amor echa fuera el temor

El amor echa fuera el temor, y el que teme no ha sido perfeccionado en el amor, quiere decir que debemos perfeccionarnos en este amor para que nuestra fe sea energizada y podamos alcanzar grandes cosas, cuando hablamos de tener miedo estamos hablando de paralizarnos y no avanzar en la vida.

Romanos 5: 5 Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Dios derramó de su amor en nuestros corazones por el Espíritu Santo, por esa razón todo el que tiene el Espíritu Santo tiene el amor de Dios, y todo el que dice tener el Espíritu Santo tiene que manifestar el amor de Dios en su vida.

Romanos 5: 8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Siendo nosotros pecadores, él murió por nosotros, allí se manifestó el amor de Dios, es por eso que Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Nada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, aquí lo dice claramente en el texto, quién te separara del amor de Cristo… ¿Algún problema que tengas, alguna prueba que estés pasando, algún momento difícil, alguna crisis, eso te va a separar de Dios? Pues no, nada te va a separar del amor de Dios, y algunos pensarán, dónde está el Dios que me ama en estos momentos… Dios está presente y eso no te va a separar del amor de Dios, ni tribulación, hambre, peligro o espada.Verso 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Si sabes que Dios te ama eres más que vencedor, si sabes que el amor de Dios está en ti vas a vencer en esta vida. ¿Te das cuenta de la importancia del amor?
Verso 38-39 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

¡Tengo buenas noticias para ti! Nada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, y si tienes el amor de Dios, vas a energizar tu fe y vas a alcanzar grandes cosas en esta vida.
Las personas sabrán que nosotros somos cristianos por la demostración del amor de Dios en nosotros: ¿Como ellos van a saber que eres cristiano? Cuando vean el amor de Dios en ti.

Esta es una característica del amor de Dios que te hace ver como un cristiano, como una persona que honra a Dios. Jesús habló de esto en Juan 13: 35

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Aquí la palabra amor se refiere al amor de Dios, en esto la gente va a conocer que somos cristianos, que somos discípulos del Señor Jesucristo, en que nos amemos los unos a los otros, en esto la gente conocerá que tú eres un discípulo de Cristo, cuando ellos vean el amor de Dios.

La fe viene del cielo

La fe viene del cielo, no es una sustancia que producimos nosotros, la fe viene cien por ciento del cielo, nosotros podemos provocar fe, pero no podemos producirla, ésta viene de parte de Dios y es de Dios, sin embargo, ella no funciona si no tiene amor, por esa razón el amor es mayor que la fe.

También vemos que es mayor que la esperanza:

Es, pues, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1)

Cuando hablamos de lo que se espera estamos hablando de esperanza, y dice la palabra que la fe es la certeza, la seguridad de lo que no se ve, o sea, la seguridad y la certeza de lo que yo estoy esperando, quiere decir, que la fe no puede caminar si no hay esperanza, porque la esperanza es la meta, es lo que tu quieres, es la visión que tu tienes, es el objetivo. Cuando tú tienes un objetivo y sabes hacia donde vas, y sabes lo que quieres, esa es tu esperanza y la esperanza es la antesala de la fe, no puedes tener fe si no tienes esperanza.

Te das cuenta como va la cadena? No puedes tener fe, si no tienes amor y no puedes tener esperanza, si el amor no está allí, porque la esperanza la necesita la fe, la fe necesita la esperanza. No puedes decir yo tengo fe pero no sabes lo que quieres, tienes que saber que es lo que quieres y hacia donde vas, tienes que tener una meta clara, y si no estás esperando nada entonces no puedes tener fe.

Hay gente que procura tener fe y esperanza, pero si no tiene amor no va a llegar a ningún sitio, no llega a ningún lugar.

No hay beneficios en lo que hacemos sino está motivado por el amor de Dios: No importa lo que hagamos, si no está motivado por el amor de Dios, no vamos a tener los resultados y los beneficios que Dios tiene y quiere para nosotros.

1 Corintios 13:1-2 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

Entonces no hay beneficios si nosotros hacemos lo que hacemos sin la motivación del amor de Dios, todo lo que nosotros hagamos debe estar motivado por el amor de Dios, sea una ministración, sea dar una profecía, sea traer una palabra de ciencia, sea darle a los pobres, sea inclusive tener fe para mover los montes y montañas, si no tengo amor, no hay beneficios, si el amor de Dios no está en mi no voy a tener resultados.

Quiero mencionarte algunos textos que hablan del amor infinito del Señor, el amor de Dios:

1 Juan 3:16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

1 Juan 4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por el. En esto consiste el amor: no en que nosotros le hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

En esto consiste el amor de Dios, en que él se dio por nosotros, cuando hablamos del amor de Dios no es que nosotros amemos a Dios, es que Dios nos amó a nosotros y él puso de su amor en nosotros.

1 Juan 4:16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

Es un amor que podemos conocer y creer, para permanecer en Dios es necesario tener este amor, y para que Dios permanezca en nosotros es necesario tener este amor, el amor Ágape.

1 Juan 4: 18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

El Amor Energiza tu Fé

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1 Corintios 13:13)

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.(1 Juan 4:8)

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión sino la fe que obra por el amor (Gálatas 5:6)

Vamos a ver como el amor energiza y potencializa nuestra fe.

Vemos en la palabra de Dios en el libro de Gálatas 5:6 que la fe obra por el amor, o sea, la fe trabaja y es energizada por el amor. Cuando hablamos del amor en este texto, nos referimos a la palabra griega “Ágape” que significa “amor de Dios” cuando hablamos de este amor nos referimos a la clase y al tipo de amor que Dios tiene.

Si queremos fe para nuestras vidas necesitamos amor, lo que energiza nuestra fe es el amor.

Hay gente que pretende tener fe en su vida para alcanzar cosas grandes, eso es bueno, y Dios nos da la fe pero si no está el amor, entonces la fe no sirve para nada, porque lo que le da gasolina y energiza nuestra fe es el amor, así que procure tener el amor de Dios en su corazón, ejercitarse en el amor de Dios y usted va a ver como su fe va a funcionar y va a arrancar.
La gasolina de la fe es el amor de Dios.

Si usted no tiene el amor de Dios, si no procura ni se ejercita en el amor de Dios, entonces, qué sucede? Su fe se queda sin gasolina, su fe no puede echar hacia delante y la fe es la victoria que ha vencido al mundo.

Cada día necesitamos del amor de Dios para tener fe, movernos en el amor de Dios para que nuestra fe trabaje, para que nuestra fe funcione. Tú puedes decir “yo estoy creyéndole a Dios por grandes cosas”, pero si no tienes amor, esas grandes cosas no van a llegar. Tu puedes decir, le estoy creyendo a Dios para que me saque de la hipoteca, quiero comprar una casa, o quiero comprar un carro, o quiero ir a la universidad, quiero superarme en la vida y tengo fe para eso, pero si no tienes amor todo lo que estás pretendiendo no lo vas a alcanzar porque la fe es energizada por el amor de Dios, la fe obra por el amor dice la Biblia.
Algunas características del amor de Dios:

El amor es mayor que la fe porque si no tenemos amor no tenemos fe y cuando hablamos de amor estamos hablando del amor de Dios en nosotros.