Resistencia Espiritual

Existe un sufrimiento real, cuando hay un accidente, cuando hay una pérdida grande, una muerte. Se sufre y uno no puede explicar el por qué, porque no hay explicación, el dolor duele y nadie como el que sufre ese dolor sabe cuán grande es. Pero a veces sufrimos inútilmente porque nos enganchamos con la gente, cuando estamos todo el día pensando en lo que nos pasó, son motivos por los cuales sufrimos sin sentido. La ciencia, especialmente en psicología, hoy se habla de resiliencia: que es la capacidad de hacer frente a los problemas.

Se comenzó a investigar por qué hay gente que le pasa de todo y parecería que los problemas, en vez de hundirlos, los fortalece. ¿Qué características tienen las personas que pasan por situaciones adversas, las superan y transforman positivamente?

Resiliencia es la capacidad de hacer las cosas bien a pesar de las condiciones adversas, es salir fortalecido de la prueba, es resistir a la presión, a los obstáculos, es estar preparado para momentos difíciles.

Investigaron a un niño que cuando tenía cinco años vio ahogarse a su hermanito y el impacto emocional fue tan grande que le provocó un glaucoma, como la mamá no tenía dinero, el nene se quedó ciego. Además era afro-americano en los Estados Unidos, lo metieron en un hospital, en un colegio de ciegos, de tal manera que tampoco podía acceder a todos los beneficios; pero su madre siempre le decía: “Tu único problema es que estás ciego pero del cerebro andás bien”.
Ese chiquito creció y llegó a ser un músico famoso a nivel mundial, llamado Ray Charles. En un reportaje dijo: “Mi mamá siempre me decía que yo era ciego pero mi cerebro andaba bien y eso me mantuvo para sobreponerme de la crisis que tuve”. Los investigadores que estudian la resiliencia dicen que, esta capacidad de resistir, es una mentalidad.

No es una personalidad, no es que la gente tiene la personalidad para enfrentar las pruebas, sino una manera de pensar; la personalidad es difícil de cambiarla pero la manera de pensar no. Yo me preguntaba cómo fue la resiliencia del apóstol Pablo, un hombre que pasó tantas cosas. ¿Qué características espirituales tenía? ¿Qué mentalidad divina tenía Pablo para pasar un naufragio, para que lo persigan, para que lo condenen, para que lo metan en la cárcel? A Pablo le hicieron de todo, lo apresaron, lo apedrearon, sufrió latigazos y parecía que los obstáculos, en vez de matarlo, lo fortalecían.

Cinco características para tener una mentalidad resistente:

Una mentalidad resistente nace de una estima de hierro.

Tenés que tener una estima de hierro, seguridad, autoafirmación, auto bendición permanente. Saber quién sos en Cristo: nunca te rebajes, nunca te descalifiques, nunca te auto maldigas, nunca te auto maltrates; bendecite, felicitate para que cuando vengan las tormentas en tu barco te encuentren con la estima inquebrantable. Durante años las iglesias en lugar de levantarte la estima te la destruían: “sos una basura”, “morite”, “no servís para nada”,”andate al infierno”.

Hoy estamos levantando la estima: somos hijos del Rey, somos un pueblo especial, Dios nos tiene en la palma de su mano, estamos marcados con el Espíritu Santo, todo lo que hagamos nos saldrá bien;, todo lo puedo en Cristo que me fortalece y todo lo que le pidamos al Padre en el nombre de Jesús creyendo lo recibiremos.

Tenemos que sacarnos todos los guiones que nos metieron. Hay gente que le metieron el guión de la oveja negra: “sos un estúpido”, “sos un drogadicto”, “sos el enfermo”. Y roban, se drogan y viven el rol de oveja negra y se tiene que morir porque se lo dijeron. Recuerdo de una chica que atendí hace muchos años atrás, que se drogaba, se prostituía, tenía sexo con cualquiera, robaba.

Ella recibió a Cristo y empecé a atenderla, a ministrarla, entonces empezó a dejar la droga, dejó de prostituírse, empezó a crecer, a fortalecerse. Un día llamé a la familia y me acuerdo que se sentaron el papá, la mamá y las tres hijas frente a la chica que yo atendía. Esperaron que ella se sentara y después ellos se sentaron enfrentados, no al lado -porque los padres tenían que haberse sentado al lado de la hija, estar contentos que ella estaba dejando todo- . El padre le dijo: “Ah, así que ahora estás bien? Dejaste la droga? Ahora venís a esta iglesia? Mirá: -y saca una carta- ¿ves esta carta que me escribiste? -yo la había leído, era una carta en la que le pedía perdón a su padre y le decía que era una nueva persona- El padre sacó la carta y le dijo: “Esto es lo que sos para mí, y esto hago con tu carta”, y la rompió. La chica entró en una crisis tan fuerte, impresionante, que volvió a drogarse, a la prostitución y la perdí de vista. Con esto te quiero decir que hay gente que siempre insistirá para que vuelvas a tu guión de oveja negra, de manzana podrida; hay gente que no te quiere ver con buena estima, pero tenés que romper ese rótulo. Tal vez te pusieron el guión de la nena perfecta, la nenita diez, la nena linda “todo lo hago lindo, todo lo hago perfecto, si me equivoco me siento mal”. Y eso se tiene que morir. Tal vez te metieron el guión del invisible: calladito, no existo, pido permiso, no opino, así como vine me voy.

Es el suplicante. O el payasito: el que vive contando chistes, nunca puede hablar serio. O el fuerte: es el hijo que cuando se muere el padre lo entierra, cuando se muere la madre la entierra, entierra a la suegra; cuida a los hermanos, tiene que ser el fuerte, el que dice: “todos me abandonaron; al final yo me tengo que hacer cargo de todo…” Porque te metieron un guión. Eso se tiene que morir.

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